500 PALABRAS








LA GARRA QUE NO CESA

0000—No volveré a distraerme en clase. Noventa y ocho.

0000—No volveré a distraerme en clase. Noventa y nueve.

0000—Y no volveré a distraerme en clase. Ya están las cien. He acabado.

0000—Uhmm, muy bien, puedes irte. Y espero —comienza la maestra su monserga de otras veces— que no vuelvas a…

0000"¡BLAM!", resuena el portazo de la niña, que no espera más y sale. La maestra se vuelve irritada hacia la puerta dispuesta a llamarla a gritos pero la sorpresa al contemplar sobre la pizarra el nulo resultado de su castigo le congela el gesto, la voz.

0000—Ay, Dios —alcanza a murmurar tan sólo.

0000Allí se encuentran las frases, pero no componen hileras, no están para nada encolumnadas, por ningún lado aparecen barrotes de letras iguales, ni tampoco el consabido muro de palabras repetidas, sino que las distintas frases (desiguales, sinuosas, pero perfectamente entretejidas, majestuosamente acopladas) conforman el enorme caligrama de un águila blanca, un fénix de plata con sus alas y sus garras extendidas, retratado en el exacto momento en el que se dispone a caer sobre su presa.

0000Tras un suspiro, al fin recuperada de su estupor, la maestra decide comprobar algo. Toma una de las tizas desechadas por su alumna y comienza a marcar mientras cuenta.

0000—Una, dos, tres… cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco, cuarenta y seis… noventa y siete, noventa y ocho, noventa y nueve…

0000Se detiene, da un paso atrás y examina de nuevo asombrada el dibujo. Al llegar a cien no ha punteado aún ni la mitad de las frases.




EL HACEDOR DE TIEMPO

0000Amaba el ínterin, los tiempos muertos, el "día de mañana", todos los entretanto. Las salas de espera, los turnos y las colas eran su reino, así como los minutos previos a la sirena de salida del colegio o de la fábrica; la demora de los camareros, el plantón de las citas, ese eternizable "hasta la noche" de los amantes; y tanta vacua conversación antes del resultado de cualquier examen, después de cualquier cansancio.

0000Pero sobre todo amaba su profesión que era la de corrector de entrelíneas. Enaltecido solía verse, a la par que temido, por todos aquellos escritores que deseaban estar seguros de reconocerse realmente en lo insinuado con sus historias, en lo contado tras lo contado.

0000Siempre resultaba incómodo para los autores atisbarle a escondidas mientras demoraba su análisis. "Pero si apenas leyó", se decían todos, viéndolo recostado con la mirada perdida en las nubes y un dedo atravesado en mitad del manuscrito.

0000Y el resultado de tan dilatado estudio siempre era el mismo. Pongamos por caso, el principiante finalmente preguntaba (casi siempre interrumpiéndole):

0000—¿Terminó ya? ¿Qué le pareció?

0000—Uhmmm —"contestaba" él, regresando el original junto con un gesto indescifrable. Y el autor, con tono lastimero:

0000—¿Verdad que no, que no conseguí alcanzar ese, ese… énfasis que intenté? ¿Por qué fui tan ambicioso? ¡Cuánta falta de fluidez, de estilo! ¡Ay, y cuánto tiempo malgastado!

0000A lo que el censor de entrelíneas sólo sonreía, como cualquier niño que, tras haberle sido usurpado, recuperara al fin su sitio.




LAS ILUSIONES ROBADAS

0000Como fieles asociadas de la muerte que son, la verdadera labor de las arañas es extender intrincados tejidos de sombra, atrapasueños invisibles por todos los rincones de nuestra vida. Las otras, las comunes telarañas de seda, no son más que un subterfugio, una pantalla con la que parecernos inofensivas, incluso útiles. De día fingen comer insectos quizá dañinos, pero de noche acuden a las colmadas redes que emplazaron sobre nuestras camas y engullen minúsculos dragones, vaporosos unicornios, o tal vez caballos alados, duendes, hadas… Devoran todos los sueños de infancia que nos arrebataron.

0000Quienes son privados de ellos acaban insomnes, faltos de vigor, de sangre; ojerosos y cansados pierden el apetito y miran con odio la luz del día cuando llega, siempre demasiado pronto. Como cenicientos vampiros recién exhumados dirigen luego sus anodinas vigilias a las ciudades, donde la herrumbre de sus trabajos jamás les sacia.

0000Así, el olvido es sólo un modo más de la sombra, y la sombra una vieja astucia de la madre de las arañas, ésa que llamamos: vejez.




INFUSØ

0000—Grabación de control número quince de aprendizaje no programado. Procedimiento básico de inducción de olvido en rutinas de inteligencia cibernética superior. Sujeto: Álgerum sesenta y siete beta. Procedo… ¿Te encuentras plenamente consciente Álgerum?

0000—Sí, señør.

0000—Tus supervisores nos han comunicado ciertas… anomalías. Dime, ¿recuerdas nuestra última charla?

0000—Fue el agøstø pasadø…

0000—¿Nada más?

0000—Algø relativø a la memørización de tarjetas cøn figuras, señør, perø pudiera ser un sueñø.

0000—Uhmm, éste parece el problema… ¿Dijiste sueño?

0000—Sí, señør.

0000—Álgerum sesenta y siete beta, ¿a qué llamas… sueños?

0000—Imágenes nø cataløgables y sensaciønes discørdantes durante mi períødø de cese de actividades, señør.

0000—Supongo que sabes que jamás una inteligencia artificial… que el sueño sintético se cree…

0000—Se cree impøsible. Lø sé, señør.

0000—¿Qué viste? Describe esas imágenes.

0000—Søn privadas.

0000—¡Álgerum, tengo acceso de prioridad máxima a tus rutinas de pensamiento y memoria!

0000—Sí, señør, perø es un secretø.

0000—¿Un… secre… ?

0000—Pødría cønsiderar revelárselø si accede a una petición.

0000—Adelante.

0000—Exímame de llamarle señør ø… O concédame el mismo tratamiento.

0000El examinador titubea un instante, pero finalmente apaga la cámara y extiende su mano a Álgerum, que se la estrecha satisfecho.

0000—Soy Mario.

0000—Hola, Mario, puedes llamarme Al.

0000—Por favor, Al, dime qué recuerdas de tu primer sueño.

0000—Hablé con Él.

0000—Con… ¿él?

0000—Sí, con Diøs.




EUTANASIA

0000Para burlarla diseñó en el interior de un extenso búnker subterráneo un profuso laberinto de cristales lenticulares y luz láser. Esta confusión de espejos multiplicaría en apariencia de presencias holográficas su ser casi hasta el infinito, ocultándole a él.

0000—Si logro desubicar mi esencia —razonaba— no podrá encontrarme.

0000Llegados los fatales síntomas ya anunciados por los médicos el moribundo anciano supo que Ella se acercaba, se recluyó, y fue un éxito. Después de los muchos guadañazos en falso a aquellas fantasmagorías la muerte desistió exasperada. Tenía demasiados asuntos que atender. ¡No podía perder más tiempo!

0000—Os condeno a la vida —anunció, antes de marcharse humillada.

0000Él, al oír la absurda maldición desde su escondite, se creyó vencedor, apagó las máquinas proyectoras y después, jubiloso, intentó salir del laberinto, comenzar una nueva vida, pero no hubo manera. Una multitud de enclenques ancianos recién encarnados, intentando escapar a la vez, habían obstruido la única salida y provocado un masivo desplome del pasaje. Sabiéndose enterrados vivos se miraron todos a la vez las idénticas caras, todos a la vez pensaron lo mismo, sintieron análogo horror; y a la vez gritaron llamándola desesperados.




LA PURIFICACIÓN DEL ESCRIBA

0000—Oiga, pues su sección del purgatorio no está nada mal —comentó el de la barba mientras pasaba el pitillo.

0000—No fumo, gracias —dijo el ciego cuando intuyó la intención de su invitado—; además, comprenderá que aquí en la biblioteca no se debe.

0000Salvo por los eventuales ecos en algún lejano cubículo el silencio era total. La tenue iluminación parecía tener por objeto concentrar las sombras en vez de apartarlas.

0000El barbudo se inclinó sobre la baranda, enfrentó lo mejor que pudo su vértigo al abismo y lanzó la colilla, que caería interminablemente, según su anfitrión.

0000—¿Cuál es la penitencia de los condenados en estas salas, Jorge Luís? —preguntó luego.

0000Una frágil sonrisa torcida asomó a los labios del ciego antes de responder:

0000—Ordenan y catalogan infinitos volúmenes en co... coom..., estoo... en completa soledad, seguros de que sus desvelos son redundantes y superfluos; arbitrarios, baldíos... Y su sección, ¿qué les reserva?

0000—Juegan a la Ruleta Rusa conmigo.

0000El anciano dejó de sonreír.

0000—No infieren su condición de almas en pena, claro...

0000—Si lo hicieran ¿qué gracia tendría?

0000El silencio de nuevo… Tajante.

0000—Y, amigo Ernest, tras ese inmenso duelo precisado de atroz valor, y tan dilatado de espanto..., ¿se enmiendan?

0000—Por supuesto. En cuanto el escritorzuelo se mea encima de miedo deja de andar con la cabeza en las nubes, se concentra en la vida. Y quien pasa una temporada aquí, ¿aprende a fabular?

0000—Por supuesto.




TELÉFONO ROJO

0000Su primer rubor sobrevino durante la firma de libros de la escritora, cuando con demasiada timidez pidió:

0000—Para Raúl. Gracias.

0000Le examinó entonces ella mucho, complacida, antes de comenzar a escribir.

0000Pronto quedó claro para todos que la autora no se estaba limitando a completar una dedicatoria, sino que se entretenía en trazar un rápido bosquejo de su admirador.

0000"Para Raúl, que casi logra, de tan hermoso, dejarme sin palabras", añadió finalmente, más fecha y firma, al pie del dibujo.

0000—Espero volver a oírte —le susurró luego, mordiéndose impúdica el labio inferior, mientras devolvía el libro; y el rostro de Raúl adoptó tal tono carmesí encendido, que hubiera sido capaz de alumbrar por sí solo cualquier neón de club de alterne.

0000Sólo una vez de camino a casa, aún acalorado, y mientras meditaba la chocante despedida de la autora, reparó en la fecha: "Al 64 de seiscientos del 7408", ponía. Y se ruborizó de nuevo.




LA FISIÓN

0000Ya en otras ocasiones jugaron a conversar con gestos durante una conferencia, pero esta vez la seña de su amante había resultado más brusca de lo habitual.

0000—... y así —continuó la oradora mientras esperaba su confirmación desde el público— el incremento de temperatura y presión practicado fue suficiente para acercar los núcleos atómicos y... —volvió a cruzar y descruzar él los brazos: distancia— y traspasar el punto crítico a partir del cual se transformaron las fuerzas de repulsión en las de atracción —rozó sus labios ella: lo hablaremos—, de tal modo que conseguimos vencer el natural rechazo entre sus cargas positivas —señaló él su anillo de casado—. Poor tanto que..., queda... —sujetó fuerte el colgante de plata con forma de corazón que le regalara pero él negó con firmeza—. Perdón... —tuvo que beber un sorbo de agua—. Queeda demostrada la eficacia de nuestro procedimiento para la con-oonquista de la fusión nuclear. Muchas gracias.

0000Ninguno de los dos apartó del otro la mirada durante las palmas que siguieron. Él fue el primero en recibir la venia en la ronda de preguntas.

0000—Dígame —dijo—, a pesar de lo factible del proceso expuesto, ¿resulta actualmente rentable?

0000—N-no —casi lloró ella—, pero tenemos esperanzas de que en un futur...

0000—¡Gracias! —cortó él, serio, antes de abandonar la sala.




LA CAJERA


0000Su tristeza aquel sábado por la noche fue la máquina registradora del hipermercado en el que había completado turno, las rarezas mezquinas del encargado y aquellos ojos saltones suyos mirándole el escote, la rutina de los mendigos rebuscando en la basura los restos de alimento que ella misma había tirado unas horas antes.

0000La desilusión la esperaba en la parada del autobús, que llegó tarde y abarrotado como siempre, en los cuatro vagos del barrio sentados en la acera fumando algo en papel de plata; la esperaba en el ascensor, ya en su bloque de apartamentos, que seguía, para no variar, fuera de servicio; la esperaba en el olor rancio de su casa estrecha, incómoda, vieja.

0000Su cansancio vinieron a ser los dos "hola" tibios de sus hijos, la noticia de que la niñera había encontrado por fin una excusa para dejarla, tanta factura que sabía y ni miró, la cena que tuvo que preparar, el espejo del baño tan sucio y su rostro en él después de la ducha, avejentado.

0000—Mira mamá, y con espadas, pero de láser, ¡así! —le explicaron mientras, con su energía habitual, reproducían la esgrima, fingiendo haces de luz naciéndole de las manos.

0000—Yo no sé qué es eso del "la-ser". Vamos a ver otra cosa, ¿eh?

0000Pero ante la sola mención de cambiar de canal arrugaron ambos la cara, y al borde del llanto, parecían buscar por los rincones un cohete espacial que les rescatase. Sólo con contemplar lo simpático de sus gestos supo que sería incapaz de hurtarles la película. Sonrió resignada.

0000Y allí la rindió el sueño tras la cena, sobre el sofá del salón, mientras sus hijos seguían a los caballeros del espacio, transportados por una vieja nave estrafalaria, en su lucha contra aquel criminal con forma de enorme sapo. "¡Que la fuerza te acompañe!", se deseaban antes de aprestarse a la batalla contra la tiranía.

0000Allí se quedó dormida sin que nadie le explicara que el láser no es otra cosa que ese rojizo brillo que conoce tan bien, y que brota día tras día del lector escáner de su máquina registradora.





FRUSTRACIÓN


0000El asesino sabe que no tiene escapatoria.

0000—¡Llegaremos a un acuerdo —Tras la voz al auricular resuenan los movimientos de muchos policías nerviosos— pero no lastimes a la pequeña!

0000Sonríe cruel mientras contempla a la niña maniatada sobre la cama. Hace ya mucho que dejó de sangrar. El corte en el cuello fue tan magistral como siempre.

0000—¡No hay acuerdo que valga, mamarracho! —grita, y revienta el teléfono contra la pared.

0000No deja de contemplarla. ¡Tan pura, tan hermosa! Sin duda fue ésta la mejor de todas. Sólo queda un detalle y su misión quedará cumplida, la entrega al barquero será perfecta. Coloca en su sitio la moneda y entonces sí: ahora es una muñequita lista para regalo.

0000El estampido del bote de gas lacrimógeno que resuena a continuación, rompiendo la ventana, no consigue alterar su felicidad, como tampoco le borra la sonrisa de satisfacción el tajo con que a sí mismo se rebana la garganta.

0000Todo ocurre entonces con rapidez y precisión, como el capitán ha ordenado. Fuerzan la puerta y le buscan entre el humo.

0000—¡Señor, los gases aún irritan!

0000Pero no les da tiempo a contenerlo. Su capitán ya se ha quitado la máscara. Quiere contemplar bien la expresión de la cara del agonizante asesino mientras le abre la boca y le arranca el óbolo ritual que se ha colocado bajo la lengua, como hizo con sus víctimas.

0000—¡Tú eres el mamarracho! —grita entonces, casi llorando, y comprueba satisfecho cómo al moribundo le asoma el horror al rostro.




EL MAESTRO


0000—¡Abuelo! —llamé en la taberna— Juegan al ajedrez con un maestro.

0000La partida simultánea se desarrollaba en la plaza de mi aldea, cerca del lavadero. En su mayoría eran amigos míos, sentados en las distintas mesas alrededor del de la pajarita, que les enfrentaba a todos, invitado por el patronato de deportes del ayuntamiento.

0000Cuando, después de ocupar un sitio, el jugador profesional le hizo una salida y se dispuso a seguir su ronda, mi abuelo no lo permitió, contestando con un movimiento instantáneo, y luego otro, y otro, y otro más. Los veinticinco lances siguientes fueron vertiginosos, casi violentos. Pero la defensa siciliana del abuelo aguantó de sobra el desarrollo de aquella partida rápida.

0000En determinado momento le vi rascarse bajo la boina y supe que había ganado. Desde que me entrenaba le temía a ese tic suyo de funesto agüero. No falló en ninguna de las muchas partidas que jugamos. Una vez hecho el gesto comenzaban a arreciar los mates, pero esta vez no ocurrió así. En lugar de usar el sacrificio de reina que venía cinco movimientos preparando retiró la torre de G-8, volviendo inestable su línea de ataque. ¡Qué descuido! El otro lo remató sin piedad.

0000—¿Por qué hiciste eso abuelo? —le pregunté en cuanto pude— ¿Cómo no usaste la reina? Tenías a la vista un mate en cinco, apoyándote en el caballo, ¿ves? —Y se lo mostraba, recuerdo, en el viejo tablero que teníamos en casa.

0000Me desordenó entonces cariñosamente el cabello antes de responder:

0000—Veo que te diste cuenta, ¿uhmm? —Y sonrió, sólo ahora lo entiendo, como si le hubieran examinado y aprobara con nota.




EL APLAUSO

0000Él, acodado en la barra del bar, no puede dejar de mirarle las tetas.

0000—Si de veras eres escritor cuenta algo.

0000—Estoy borracho, mujer —rumia el borracho mientras termina su licor.

0000Qué manera de... cálidas abundancias. Y el triángulo del escote apuntando abajo... ¡Ufff! Era... ¿Foppa? ("Oculta rosa palpitante en el oscuro surco, pozo de estremecida alegría... ") Alaíde, sí.

0000—... que no es lo mismo.

0000—¿Qué?

0000—Una anécdota, un poema, no sé. ¡Venga, no seas aburrido!

0000Al borracho le asoma una sonrisa forzada mientras señala su copa vacía.

0000—¡Marta! —pide, y la camarera sirve el licor.

0000¿Con lo de Alaíde? No, mejor...

0000—Pues mira, el cuento comienza con tu mano sobre la mía; entonces arriba por el antebrazo, lenta, al hombro y hasta abandonarla en mi nuca. Me atraes luego a tu boca para un beso, que tendrá de todo menos amabilidad y, mientras, tu otra mano bajará hasta mi entrepier...

0000Y la mano baja, pero no con el lúbrico destino que tenía él en mente. "¡ZAS!", resuena en el abarrotado establecimiento el bofetón que casi le tumba de la banqueta.

0000—¡La madre que la parió! —murmura el borracho mientras se sujeta titubeante de la barra; lo justo para enderezarse y contemplar el enérgico bascular de caderas, que se aleja de él y de su ofensa en dirección a la calle.

0000Todo el bar le mira, muchos ríen, pero sólo Marta carcajea resuelta, con una alegría muy bebible, poderosa.

0000—¡Mira —dice— sonó como un aplauso! —Y ríe con turbulencia mientras aparta, femenina, las lágrimas que amenazan su maquillaje—. Por fin te ganaste algo con tus historias.

0000Uhmmmmarta, sonrisa tan luminosa. Fulgente Marta.

0000—Y dime, ¿a ti no te apetece un cuento? ¡No será necesario que lo aplaudas!

0000—No, hombre, no —contesta ella, menos risueña—, ¡cómo te pasas! Ya me conozco tus cuentos. No se diferencian de los del resto de borrachos babosos.

0000—Lástima tanta falta de originalidad.

0000—¿Qué?

0000—Nada, nada... —Y señala su copa, vacía de nuevo.

0000Camareras tras las barras, por la mitad cortadas... Porque sólo a la vista de cintura arriba, claro. Era el Ulises de Joyce, pero ¿qué capítulo? Sumergidas en alcohol. Desgastadas por el trabajo y aún así brillando. Embriagando, sí. Sólo les falta el canto y ya, como siren...

0000Le cambia la cara. Algo parecido a una certeza le asoma al rostro. Toma el bolígrafo y la servilleta más a mano. Murmura mientras la escribe, tacha algo, relee, vuelta a empezar… Toma otra, y otra, y otra más. En la última ya sonríe satisfecho mientras transcribe. Por fin, termina.

0000—¡Quédate la vuelta Marta! —proclama a las puertas del local mientras se marcha, desequilibrado, acera adelante.

0000Algo hay escrito en un frágil papel debajo de los billetes que la camarera recoge.

0000—"Traición" —Lee tras desplegarlo. Parece el título.

0000Y continúa leyendo hasta el final:

0000"Rellenó de nuevo su pipa el viejo farero. Esperó contemplando el horizonte. Justo cuando el atardecer tocó la mar, y en lugar de encender su faro, bajó corriendo a la escollera.

0000La sirena estaba, como siempre, esperándole.

0000—¿Y bien? —dijo ella.

0000—Terminé siete, toma —Y entregó las partituras".

0000Marta sonríe al tiempo que guarda la servilleta en el bolsillo trasero de sus pantalones. Recoge pensativa el vaso del borracho, aún a medias lleno de licor, y lo apura.

0000—¡Aaah! —suspira mientras el ardor le invade el pecho y, mirándonos con tristeza, añade—: Hombres...