ÉRASE (AL MENOS) UNA VEZ
0000Él decide soñar en todas las ciudades del mundo al menos una vez. Ella velar en todas las ciudades del mundo al menos una vez. E inician itinerarios opuestos, pero no; parejos, pero tampoco. Cinco, diez ciudades visitan al mismo tiempo sin encontrarse; ella disfrutando la vida nocturna, él bostezando ya en los atardeceres.
0000El día, la noche llega en que ambos viajeros han circundado el mundo a solas. Mira ella entonces, agradecida, a la luna que tan bien conoce, y al fin se abandona al sueño. Contempla él, concluido su periplo de sueños, las avenidas fértiles de luz, sus fluidas vorágines de risas no siempre fingidas; y decide (¿por qué no?) seguirlas, permanecer despierto.
0000Y aquella primera noche de sueño de ella, en la vigilia de él, se encuentran. Hay cierta fotografía de una alocada bailarina en un cálido club de luces suaves y ambiente propicio al abandono; es ella. Hay el sueño de un hombre recio de mirada intensa contemplando excitado el retrato de un desnudo en un museo que a ella le recuerda al club en que aquel fotógrafo se arriesgó a retratarla.
0000Él cree estar soñando, y a ella le resulta el sueño tan vívido que parece real. Ella, despierta ya en su alcoba, el corazón acelerado, su sexo ardiendo, nunca se ha sentido más viva. Él, bajo el influjo de la música densa del local y el alcohol al que no está acostumbrado, experimenta el más dulce ensueño que sintiera jamás, junto a la volátil imagen de aquella ninfa que tanto buscó en su inconsciencia.
0000Entonces, él roba la foto y decide velar las noches de todas las ciudades del mundo al menos una vez hasta encontrarla. Ella, cautivada por su vislumbre de él, decide no olvidar y buscarle, soñando en todas las ciudades del mundo al menos una vez.
LA EVASIÓN
0000Imitando la maraña del voluble pensamiento humano y coordinado con las mareas, que eran el motor y alimento de su maquinaria oculta, el infinito laberinto variaba cada noche su única ruta hacia la libertad alzando muros y separando los antiguos. Así, Dédalo, había conseguido satisfacer la orden de su antiguo señor: "Álzame una prisión de la que ni tú mismo con toda tu astucia lograras escapar".
0000—Padre —desesperó su hijo ya la tercera noche de reclusión—, cada amanecer somos nuevamente el centro de este enredo… No saldremos nunca.
0000—No llores hijo —y sostenía la primera pluma entre sus dedos—, hay salidas para todas las tiranías de este mundo, incluidas las de la razón. Siempre podremos… —Miró el cielo— …soñar.
".. ..... ........."
0000Cuando la mujer invisible se cansaba de la tortura de sus zapatos de tacón sobre el ardiente asfalto, de aquel traje de látex diseñado para imitar la piel y camuflar su perfecto camuflaje; se cansaba del frenesí de la oficina y del asedio de su jefe, que no dejaba de hostigarla; se cansaba de los continuos atascos, aglomeraciones, colas y demás tedios urbanos; cuando, en fin, se hastiaba de la ciudad y su cotidiana impostura, acudía a la playa y junto con lentillas y pestañas postizas se desvestía su máscara, la piel artificial del cuerpo.
0000Luego, sin importarle su turbulencia, se sumergía gozosa en el mar, que ronroneaba complacido; y las medusas, únicas criaturas capaces de reconocerla, solían seguirla extasiadas; extasiadas y celosas de aquella soberbia desnudez suya tan completa, tan diáfana, tan íntimamente acariciada.
MATICES
0000La niña había tomado sus rotuladores y pintado sobre los espacios blancos del código de barras del bote de champú un arco iris de dieciséis tonalidades.
0000—Muy lindo, cariño —dijo su madre cuando se lo mostró, aunque sin dejar de trabajar en el ordenador—, pero ahora déjame, ¿eh?, que tengo que terminar este informe.
0000Hoy (quizás por eso ahora le brillan un poquito los ojos), nada más abrir su portátil en la sala de juntas para hacer la presentación, descubre que su hija se ha superado. Las antes blancas teclas del ordenador que representaban las letras aparecen decoradas como un diminuto jardín bonsái florecido en veintisiete colores.
EN MÉDIUM
0000No encontró manera de superar su dislexia, que la obligaba a enredar, no ya una o dos palabras, sino textos enteros. De modo tan tortuoso y hermético acabó escribiendo que ni ella misma entendía sus escritos.
0000Aquella noche en la feria, el médium entró en trance incluso antes de que ella hiciera pregunta alguna, y poseído por el espíritu de algún difunto la abrazó emocionado. En ese instante no ella pero sí su mano comenzó a responder a la caricia. Tomó un lápiz allí mismo y escribió en estado de enajenación completa, sin pensar, pero con letra perfectamente legible: "¡Querido, por fin te encuentro!".
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