CUENTOS








LA FÁBULA DEL ESPANTAPÁJAROS

Dedicado a Hanan.

"Hay riquezas que lo matan a uno si no puede compartirlas".
Del libro "Momo" de Michael Ende.



0000Diferente, no como un remedo de humanidad sino como un gordinflón y muy correcto hidalgo, se alzaba el espantapájaros en mitad de la alta planicie desnuda. Y es que sus creadores no habían cesado de añadirle detalles a la indumentaria, y aparecía erguido, mirando al horizonte con confianza y orgullo; un verdadero señor. No era de extrañar, pues los terrenos en que se instalaba tan distinguido espantajo eran comunales. Todo el pueblo los disfrutaba y cuidaba, de modo que también todos, a medias en broma y a medias en serio, habían aportado algo para formar la prolija y esperpéntica estampa de aquél que se los defendía.

0000Zapatos no necesitaba; la extraordinaria armadura de su cuerpo se sostenía sobre una tronchada viga de madera de roble hondamente clavada en tierra, que servía tanto de columna para su cuerpo como de base para su cara, ya que ésta se hallaba labrada a navaja en lo alto del poste. Tampoco era cualquier cosa su abundantísimo relleno, que al contrario que en la mayoría de espantapájaros no se componía de paja, sino de viejas telas, cortinajes y lienzos de muy diversa procedencia. Al cura le debía sus pantalones que, quizás por el hecho de usar a menudo sotana y no exponerlos tanto al desgaste diario, estaban en perfecto estado. Otros vecinos aportaron la camisa, su hermosa chaqueta oscura, y hasta un bastón, que colgaba de uno de sus dos extendidos brazos. Para completar su porte de gran señor habían sido añadidos los hermosos guantes blancos y la vieja chistera que fueran del farmacéutico. Portaba además corbata, cinturón bajo la abultada panza, pañuelo al bolsillo de la chaqueta y un viejo reloj de bolsillo ya roto.

0000Pero sin duda lo principal eran sus ojos. Enclavados en las cuencas toscamente labradas sobre la madera, dos enormes botones nacarados de un rutilante color turquesa le daban verdadera expresión humana al rostro. La hija del alcalde, que fue quien dispuso semejantes atributos en su cara, no le dio sólo dos botones, sino verdadera alma con ellos.

0000En contraste con el atildado aspecto de su protector, el terreno comunal se hallaba desértico, semejaba un herido campo de batalla. Años atrás, cuando en el pueblo al que pertenecían aquellas tierras aún se celebraban verbenas y la escuela estaba repleta, al igual que los dos pequeños establecimientos que funcionaban como bares, el campo había sido disfrutado y trabajado por todos. Pero estos terrenos baldíos no tenían ya a nadie que los cuidara, la emigración hacia la capital había vaciado la aldea de jóvenes, de modo que aparte de algunos abuelos, que recibían de verano en verano la visita de sus nietos y ascendían al páramo, nadie transitaba por allí.

0000Extensas cantidades de cebada y centeno solían ocupar los plantíos del campo comunal en los buenos tiempos. Todos los habitantes del pueblo se turnaban para cuidar las cosechas que servían luego de alimento a su ganado. Pero, debido al desuso, el granero propiedad del ayuntamiento se venía abajo, al igual que el propio ayuntamiento, y que el pueblo mismo. El rostro del espantapájaros, obligado a la contemplación de tal erial, parecía a menudo ensombrecer afligido. Mas aquella aparente tristeza no impedía que cumpliera con el cometido que le fue destinado, y ningún pájaro o animal osaba acercarse al extenso montículo que su amenazadora efigie gobernaba.

0000Además, la satisfecha sonrisa que prevalecía entallada en su rostro no parecía fingida. Y era debido a la luz que derramaban los atardeceres y amaneceres de aquella tierra en la mirada del espantapájaros. Sobre todo, la cambiante progresión de los colores de la tarde y su fusión con los tonos pardos del terreno, pero también las noches con su mucha profundidad y brillo. Con todo ello sus inertes ojos color turquesa se acrecentaban vivaces, se diría que armados de luz, y parecían a punto de derramar auténticas lágrimas de emoción. ¿Quién le iba a decir que sería con los hijos del cielo que calladamente amaba, la lluvia y el viento, con los que comenzarían sus problemas?

0000—¡Fiuúuuuu! —silbaba el recién nacido remolino, y era su risa un chasquear de hojas secas.

0000A su broma contestaba divertida con un recio golpeteo sobre la pradera su hermana, la joven llovizna otoñal. Conversaban, reían, jugaban a perseguirse, a quererse a empujones…

0000Entonces, le descubrieron.

0000—¿Uúuhffff? —racheó burlón el viento.

0000"¡No, claro que no era un hombre!", repiqueteó su contestación la lluvia contra el suelo, y su risita fluía sinuosa entre las piedras; incitadora, parecía contener una desafiante pregunta.

0000—!Afúuu Fíuuuu! —Sopló altivo su hermano. ¿Cómo no iba a atreverse? Ya iba a ver.

0000Y tal como aseguró que haría arrebató de un poderoso soplido la chistera al espantapájaros; los guantes luego. Para arrancar la chaqueta debieron usar ambos todas sus fuerzas y quebrar uno de los brazos del muñeco, compuesto con el primitivo palo de una escoba. Acto seguido, como niños jugando a disfrazarse con aquellas ropas arrebatadas, se alejaron correteando la pradera encantados, y fueron y volvieron toda la tarde entre risotadas y querellas, fingiéndose personas.

0000La mirada del espantapájaros tembló de pena. De hecho todo su cuerpo parecía agitarse implorando que le fueran devueltas las ropas, pero no era más que el viento que, de nuevo, tironeaba de ellas intentando arrancarlas. Porque un espantapájaros es mudo, claro.

0000Aquella primera visita no fue la única. En numerosas ocasiones regresaron los dos hermanos, y llegaron a ajarle también el resto de su cubierta, con lo que el interior de retales de paño quedó al descubierto.

0000De esta manera deteriorado, roto y separado de su aspecto original, no tardó en perder su intimidante aspecto. Hasta el punto de que comenzaron a sentirse por su interior bullentes y burlones trajines que no presagiaban nada bueno.

0000—Ñiiiig Ñíi Gíiic —aseguró el padre. De calidad, y bastante abrigadas. Por aquellos parajes no encontrarían nada mejor.

0000—¡Ñiiíc! —llamaba ya la madre a toda la camada.

0000Ascendiendo por el viejo mástil que era su clavazón y soporte, los ratones, en oleadas sucesivas, le vaciaron de relleno. Y así, de opulento y grueso caballero, pasó a poco más que percha de colgar andrajos. Pronto no sólo los ratones de campo, sino cualquier otro animal necesitado de abrigo o atraído por el olor de los roedores, acudió a despojarle de trapos. Jinetas, gatos salvajes, y hasta una pequeña raposa de mullido pelaje rojizo, desgarraron lo poco que le cubría dejando sólo un poste clavado en tierra.

0000Se acercaba el invierno, y el frío y la lluvia, desnudo como se hallaba, sin duda iban a calarle hasta los huesos. Así desposeído de cuanto fuera, sólo los dos frágiles vértices azules que un día le regalara una niña mantenían su semejanza con un ser humano.

0000Pero esto duraría poco.

0000—¡Kraaárrrc Caarc! —graznó el primero.

0000—Kráaarr Kraárr ¡Caáarc! —contestó su pareja. Brillan, sí, como hueso pulido.

0000Posados ambos, macho y hembra, en el único brazo que le quedaba entero, le escudriñaban malintencionados la cara desde sus negras pupilas. Y sin compasión, uno tras otro, para convertirse en prenda de amor entre cuervos, le fueron arrancados sus bellos botones de nácar.

0000Quedó ciego.

0000Entonces sucedió: el mudo espantapájaros gritó. El temblor del madero que sucedió al ataque de las aves se debió, sin duda, al parejo salto de los dos grandes cuervos que tomaron en él impulso y le dejaron sacudiéndose, no era agitación producida por la rabia; tampoco eran lágrimas, sino agua acumulada tras de los dos botones que fueran arrancados, aquello que se derramaba por sus mejillas; pero cualquiera, al oír el crujido de la madera al quebrarse, lo hubiera confundido con un grito de dolor verdadero.

0000—¡RAÁAAAARRRC! —tronó, profundo, el lamento.

0000La grieta que había hecho tan oportunamente restallar la antigua viga de roble de esta forma transformó el rostro del espantapájaros en una máscara amarga. La irregular abertura fracturó la madera justo por la línea de contacto de la talla de los dos labios, dejándolos entreabiertos, partidos por una mueca de horror.

0000Cuando la nieve llegó finalmente, para cubrir los campos comunales de serena blancura, descendió también sobre el antiguo espantapájaros, que no era ya sino un ladeado madero, postrado y marchito, aunque todavía tenazmente enclavado en el suelo. Ya no parecía el mismo, pero aún resistía. A medias congelado y semioculto bajo la nieve permanecía replegado en su interior. Por primera vez desde su creación había cesado en su vigilancia perenne. Sin duda dormía, acaso soñaba. Y así transcurrió el invierno, ascendió la primavera.




0000—No es posible —murmuró para sí el anciano mientras, inclinado sobre su bastón, palpaba el madero.

0000Sus ojos y su memoria podían engañarle, pero no sus manos, sus manos nunca, y las marcas estaban allí, ¿quién mejor que él para reconocerlas?

0000—¿Qué pasa abuelo?

0000La que preguntó era la nieta, con un manojo de flores silvestres que brillaban casi tanto como ella misma. Un vértigo de seria madurez enturbiaba el rostro de la niña al acercarse: ¿por qué lloraba su abuelo?

0000—Nada, hija, no pasa nada malo. ¡Qué va! Nada malo —y sonreía llorando.

0000El viejo carpintero tomó a su nieta en brazos y la alzó para que pudiera contemplar la maravilla sobre la faz del antiguo espantapájaros. Su boca aparecía entreabierta por una grotesca fisura que la atravesaba, seguramente producida por la humedad y el hielo, pero lo sorprendente estaba en su interior. Desde lo hondo de aquella oquedad venía creciendo una pequeña ramita, y con ella estaba brotando el roble.

0000Pronto se propagó la noticia. ¡El tocón de madera casi podrida que usaron para componer el espantapájaros había retoñado! El conjunto de los jubilados en pleno, acompañados de algunos familiares, ascendieron para comprobarlo, y efectivamente, allí estaba, creciendo. Las ancianas no podían creerlo, pocas fueron las capaces de contener su entusiasmo. Todas, y también ellos, sintieron necesidad de tocar el viejo madero como si quisieran sentirle palpitar o asegurarse de que no era un espejismo, acaso para contagiarse de la vida que parecía transmitir. Nadie decía nada o todos hablaban al mismo tiempo, agitados. El cura cayó de rodillas con la mirada turbia de emoción nada más llegar, y lo que se le cayó al viejo boticario fue la pipa de la boca entreabierta. Los pocos hijos y nietos que ascendieron aquel día con sus mayores no entendieron o no creyeron el suceso, pero la emoción de todos los ancianos era sincera y la compartieron.

0000Todavía hoy, ya olvidada la leyenda del espantapájaros retoñado, una suerte de calma inexplicable se insinúa entre la generosa fronda del roble. Se siente paz en cuanto él cobija. Quizás por ello entre las oquedades de su tronco y a sus pies viven y se alimentan tantos ratones de campo, jinetas, zorros, y muchos otros animales; por entre sus ramas no ya los cuervos, sino toda clase de aves, hacen sus nidos; y nada hay tan parecido al canto como el retozar de la lluvia y el viento entre sus hojas, que ríen sin descanso.